15 ene. 2011

El documental "La escuela olvidada" .domingo, 16 de enero, a las 22:45 horas, en la 2.

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"El peor castigo para mí era que no me dejaran ir al colegio". Ángela Barnés contaba más de 90 primaveras cuando grabó este testimonio.


Es el primero del documental La escuela olvidada que la directora Sonia Tercero dedica al Instituto-Escuela. Ese experimento educativo que surgió en Madrid inspirado en los principios de la Institución Libre de Enseñanza.



Fue fundado en 1918 y se erigió como pionero de una metodología de enseñanza que excluía los tediosos libros de texto y se inclinaba más por las excursiones, los trabajos manuales, los idiomas y el deporte. Ángela Barnés fue uno de sus conejillos de indias. Iba a clase de lunes a sábado para aprender a ser autónoma, creativa, productiva... En aulas de no más de 30 alumnos. Recibían las lecciones de maestros formados en "prestigiosas universidades extranjeras" que creían en una enseñanza mixta y práctica.




Una vez a la semana salían de visita: al museo, a una fábrica o al campo. "Recuerdo la de la bombilla, era bonitísimo ver cómo se fabricaban con esos filamentos de cristal", rememora una de las hermanas Zuloaga en el documental. Maravillas y María de los Ángeles son otras dos antiguas alumnas del Instituto-Escuela. Fotos, vídeos y recuerdos que reconstruyen la historia de esta peculiar institución educativa que murió con la Guerra Civil y la llegada del franquismo.



Por primera vez, se estudiaron idiomas extranjeros que no fueran clásicos. Entre lección y lección de francés, de inglés o de alemán, aprendían a encuadernar libros y a tallar madera. A todos los alumnos se les entregaba un ejemplar del Quijote, un diccionario, un cuaderno y un lápiz. "Teníamos que encontrar palabras en el libro, buscar su significado en el diccionario y copiarlas en el cuaderno", relataba otro de los antiguos alumnos. "Enseñaban como si no enseñaran". No había libros de texto así que se examinaban por medio de los apuntes que tomaban en clase. "Era un sistema de evaluación continua" en el que no había una prueba final. Se valoraba continuamente al alumno. Cada semana. Se tenía en cuenta también la actitud del estudiante, su grado de participación y los deberes. "Esto implicaba un trabajo más exhaustivo para los profesores; estaban más involucrados", explica por teléfono la directora. Tercero se formó en el Colegio Estudio, heredero directo y semiclandestino del Instituto-Escuela. De su etapa en este centro, que aún hoy mantiene algunas de las técnicas del Instituto-Escuela, surgió la idea de rodar la película.


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